Sin embargo, mientras el trino resuena, un llanto silencioso envuelve cada fibra del verde manto. La noche ha acabado y el frío se ha marchado, pero cuanto más alza sus finos dedos hacia el sol, más se aleja él de regreso a su horizonte.
Lejano e inalcanzable, pero siempre presente. Aunque le mira, nunca se vuelve y le tiende sus rayos. Huye. Huye cada día y con su partida el llanto comienza de nuevo envuelto en la oscuridad.Los vientos de la tarde mecen su nostalgia y le susurran que es mejor no sufrir, por mucho que se alce jamás tocará su alma, porque el sol brilla con luz propia.
Con el suave balanceo, la noche comienza y el sol de nuevo se aleja. Siempre distante. Siempre ajeno.
(6-12-2012)
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