Incluso la mejor de las rosas esconde sus espinas.Esas que se clavan y provocan lágrimas rojas que hieren el alma. Espinas que se suceden, pero que también protegen. El ascenso es lento y delicado, pero en la cima está el bien más preciado.
Incluso el más grande de los corazones tiene su coraza.
Herido y resquebrajado se cubre con lo que cree un grueso manto. Pero al suave tacto se derrite, se empequeñece. Y tras la coraza se muestra como es: dulce y embriagador.
Espinas y corazas no importan, porque cuanto más puro e intenso, más se aguarda que llegue lo mejor.
(13-12-02012)
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