Y de nuevo me encuentro frente al papel sin saber muy bien por dónde empezar. Creo que el día de ayer me ha dejado la mente un poco trastocada y está en stand by, a la espera de que ocurra algo o se me ilumine la lucecita para seguir funcionando con normalidad.
¡Ay, pero qué complicadas hacemos a veces las cosas más simples! No se puede controlar todo, ni se puede tener todo sólo porque lo necesitas en ese momento, no estás solo en el mundo y los demás también tienen necesidades. Sin embargo, a veces por pura cabezonería, te quedas esperando a que los demás hagan algo y cuando lo hacen... ¡Te es insuficiente!
¿Pero qué es esto? Si no lo hacen te enfurruñas y te alejas y si lo hacen... te quedas con ganas de más. Sí, eso es. Y en cambio te pones a la defensiva cerrando bien tu coraza para no mostrar la parte más sensible, la que más claro lo dice todo, esa que no puedes explicar con palabras, sólo con actos.
Te paras a pensarlo y ves muy claro el cordón de "Cuidado, peligro. No pasar" que está por todo el perímetro. Y, de pronto, se ilumina la bombilla y tu mente vuelve a funcionar con cordura (o la poca que hay). Ese cordón no es un aviso para quien quiere entrar, sino que te avisa a ti cuando intentas salir.
¿Qué pinta entonces la coraza? Si tú mismo no te dejas salir, es imposible que los demás puedan entrar, porque ¿sabes lo que ocurre? que algún día alguien dará martillazos contra tu coraza mellándola hasta casi asfixiarte. Saltará el muro por muy alto que lo construyas y entonces... te toparás frente a él y te mirará fija y expectentemente. Y con una sonrisa te tenderá unas tijeras para que rompas la cerradura de tu prisión: un simple cordón.
Ahora que eres consciente de la fragilidad de tus defensas te das cuenta de que lo que proteges no es el juego de ver hasta donde llegar, es lo que de verdad puedes dar. Eso que aún no te has atrevido a explicar.
Con tan sólo unas tijeras... tendrás la libertad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario