miércoles, 20 de marzo de 2013

Un Año Más

Ayer me di cuenta de lo triste que puede ser para algunas personas el cumplir años.

Cuando nacemos, toda nuestra familia marca en los calendarios de toda su vida futura ese día y, año tras año, todos ellos se acuerdan de nosotros por muy lejos que estén (bueno, a los más despistados hasta se lo perdonamos). Incluso se esmeran en hacer de ese día NUESTRO DÍA con nuestra comida favorita, regalos, visitas y mayores atenciones.

El día de nuestro cumpleaños es un día feliz. Sin embargo, hay personas que, cuando ven acercarse el cumpleaños a ciertas edades, se entristecen, deprimen y lamentan. Echan la vista atrás y se recriminan haber hecho determinadas cosas, se arrepienten de no haber aprovechado oportunidades, de haber perdido amistades o personas para ellos importantes; y comienzan a pensar que tras tantos años no han vivido.

Cuando ayer me golpeó esa realidad proveniente de quien menos lo esperaba, me di cuenta de que la gente olvida muchas veces el verdadero significado de las cosas. El cumpleaños es un momento de celebración de la vida, de la alegría, de la lucha por vivir, por enfrentarse al mundo. Todos cometemos errores a lo largo de ella, dejamos escapar oportunidades o nos arrepentimos de haber perdido un precioso tiempo con algo/alguien inadecuado. Pero cumplir años, sean los que sean, significa tener más experiencia, más logros que pérdidas, haber tenido más gente a tu alrededor, haber luchado por tener lo que tienes y, a pesar de las dificultades, lograr seguir ahí viviendo lo que en su día fue el momento más feliz de la vida de alguien.

En la vida todos vamos aprendiendo y, año tras año, celebramos que seguimos viviendo y mejorando. Sumar años significa tener opciones entre las que elegir, y es mucho mejor el camino de luchar, vivir y disfrutar por hacer de nuestra vida lo que queremos recordar. Porque al fin y al cabo...

Sólo es un año más.

martes, 5 de marzo de 2013

Quince Veces

Una piedra en el camino me hizo tropezar y caer; son muchas las que he encontrado, pero esta no apareció, la coloqué yo. Como siempre, traté de levantarme sola, lamentándome por caminar con los ojos cerrados, habiéndome dejado llevar. Pero por más que lo intentaba no lograba alzarme y continuar, perdía de vista la meta a alcanzar.

Y entonces, con un suave impulso, me levantó, cogió mi mano y me guió.

"No puedes ver el lado malo de las cosas, olvida los fantasmas del pasado. Quince veces sellarás a fuego en tu alma: Siempre miraré el lado positivo."

Y entonces desapareció. Como un castigo lo tomé, pues mi tropiezo el fin del camino pudo suponer, pero sin saber el motivo, acepté mi sentencia.

Quince veces me pregunté qué sentido tenía esto.
Quince veces a punto estuve de no hacerlo, de dejarlo y no cumplirlo.
Hasta que me di cuenta de que no era una sentencia lo que quería cumplir, sino que en quince textos, quince horas, quince pensamientos y sentimientos quería transmitir a lo que estoy dispuesta. Un compromiso constante, hasta el fin, una lucha contra todo lo que me retenga.

Quince veces está escrito, a pesar del dolor, de los fantasmas y de las piedras en el camino.

Quince veces está sellado y en cada una de ellas hay mucho más que esas palabras.

Quince veces para poder decirte...
No. Quince no serían suficientes.