Es muy difícil abrir las puertas y mostrar tu alma a los demás, pero muy sencillo dar un portazo y cerrarla una vez más.
Tal vez fue demasiado pronto para arriesgar, demasiado rápido para dar de más, demasiado valiente para dar el salto y dejarse llevar.
Cerraste los ojos y diste un paso que pensaste no volver a dar. Buscaste el momento de sentirte especial, de alcanzar la oportunidad que te lleve a la felicidad.
Pero para andar es necesario abrir los ojos, porque nadie te ayudará a caminar. Te cubres en mitad de la lluvia y avanzas casi a rastras buscando de nuevo la luz en la oscuridad.
Pero con cada gota que cae, tu coraza se oxida más y su peso te agota, hundiéndote en tu caminar y, aunque quieras quitártela otra vez, empieza a fundirse con tu piel. Tortuosa pero al mismo tiempo fiel protectora.
Tan sólo con ella puedes continuar avanzando una vez más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario