¿Has tratado alguna vez de caminar por la calle con los ojos cerrados? Todo cuanto te rodea se oscurece y parece un peligro. Caminas despacio, tanteando todo y asegurando cada paso, y te das cuenta de que así el camino se hace más largo.
Preso de tu ceguera te pierdes lo que a tu lado acontece. No te das cuenta de que a tu espalda ha aparecido alguien que vigila tus pasos escondido tras la niebla. Con cada paso se va colocando cada vez más cerca, hasta que finalmente notas tu presencia a tu lado y bajito al oído te susurra:
"Ten mi mano. Yo me quedaré a tu lado y guiaré cada uno de tus pasos."
Durante largo rato te acompaña, abriéndote camino despacio pero sobre suelo seguro. La confianza va aumentando, vas conociendo sus pasos, interpretando sus movimientos, casi leyendo su mente. No pregunta dónde quieres llegar. Aferra tu mano con más fuerza y dibuja en tu mente lo que os rodea narrandolo con cada vez mayor detalle.
El camino ya no atañe peligros, andas seguro, cogido de su mano, y sin embargo aún con los ojos cerrados.
Sólo depende de ti comprobar que lo que te cuenta es justo lo que te impide ver tu ceguera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario