Dicen que después de la tormenta siempre llega la calma, y aunque a veces sientas que la tempestad es tan fuerte que arrasa con todo y acaba contigo... ciertamente llega un punto en el que el sol vuelve a asomar entre las nubes.
A veces sientes que no podrás mantenerte a flote, que la tormenta va arrancándote poco a poco pedazos de tu ser y, cuando estás a punto de desfallecer, gritas con todas tus ganas, te aferras a lo poco que te queda y reúnes tus últimas fuerzas. Las nubes pasan ante tus ojos, oscuras y amenazantes, pero tu mirada se clava en un punto fijo del cielo, un pequeño resquicio que contiene tu última esperanza. Muy despacio, poco a poco, te vas acercando sin apartar tu mirada.
Y entonces, las nubes se abren dando paso a un rayito de sol que asoma tímido y viaja con cautela hasta ti, cegandote por un momento, devolviéndote las fuerzas. Con suaves destellos te explora al completo y su timidez va desapareciendo. Las nubes se retiran, la tormenta da fin y el brillante sol envuelve tu mundo trayéndote nuevamente la calma.
Has vuelto a encontrar tu rumbo y ahora tienes al mayor de los astros para guiarte y acompañarte.
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