No solemos ser conscientes de ello, pero sin su ritmo no nos sería posible vivir.
Resuena en nuestro interior cargando de energía cada parte de nuestro cuerpo. A un ritmo constante y apacible nos impregna de vida para poder cumplir nuestras metas, nuestros sueños.

La ciencia dice que para poder vivir debe latir, pero no siempre es así. Hay momentos en los que se para de golpe, nos deja sin aliento y, sin embargo, nos sentimos más vivos que nunca. Algunos dicen que se vuelca y nuestro mundo se pone patas arriba, deteniéndose en unos segundos que se vuelven eternos. Segundos que se graban a fuego. Y cuando regresa a su posición se desboca, nos golpea con todas sus fuerzas y trata de saltar para encontrarse con su perdición. Porque ahora ya no podrá mantener su latido constante; se acomoda en un balanceo permanente entre la estabilidad y el vuelco.
Tranquilo, apaciguado por un profundo suspiro; o acelerado, impulsado por mil gestos y momentos.
Sólo se vive cuando late.
Pero no te sentirás de verdad vivo hasta que no pierdas su latido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario