jueves, 7 de febrero de 2013

La Siguiente Parada

Ha llegado el momento de tomar el rumbo que te lleve al lugar que durante tanto tiempo esperas.

Haces las maletas cargándolas de esperanza, sueños, ilusión y de todo aquello que tienes que entregar. Coges tu transporte, atestado de gente, pero aún así encuentras un asiento en la parte trasera desde donde todo lo contemplas.

Cuando llegas a tu destino, la noche se te echa encima, pero las brillantes luces te indican que estás cerca. Oyes el bullicio a tu alrededor, la gente que ha llegado antes que tu y ya disfruta sin poder contener la emoción. Te encaminas hacia la entrada y de pronto te paras: olvidaste tu maleta.

Sin pensártelo dos veces, echas a correr de vuelta al transporte, pero al llegar a la parada ves cómo emprende la marcha. Conoces el camino y cuál es su próximo destino, así que con toda tu energía corres entre la gente, atraviesas calles, plazas y parques. Lo ves a lo lejos, le haces señas pero no se detiene, y en vez de rendirte, tomas un atajo.

Corres con todas tus ganas hasta que llegas a la siguiente parada. Aguardas con temor y por la esquina ves aparecer un autobús anterior. Tu corazón se encoge de desilusión al pensar que llegaste tarde, que acaba de pasar. Pero justo tras él, aparece entre las primeras luces del amanecer. Frente a la parada frenan los dos: el primero espera tus paso hacia él, pero tu corres al siguiente y recuperas satisfecha tu ilusión.

Y todo porque simplemente corriste desesperada hasta la siguiente parada.

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