Ante una puerta de cristal veo aparecer mi camino. Lo contemplo insegura, preguntándome lo que me espera. Poso mi mano en el cristal y veo cómo me lo presentan. Me desespera, me bloquea, me aterra... pero a la vez me tienta. Veo cómo va muriendo, depositándose a mis pies tras el cristal y, entonces, mi miedo a perderlo me hace recapacitar. Golpeo la puerta con todas mis fuerzas hasta que cede y me permite pasar.
Frente a mi avanzas sorteando cada trampa. Me muestras los pasos a través del pasillo, entre estatuas inertes y monstruos vivientes que intentan impedir que llegue al final. Allí una nueva puerta me espera y esta vez no dudo en pasar.
Ahora el mundo se mueve a mi alrededor, todo parece normal; camino por la calle viendo a al gente pasar y mi atención se centra en un cine que ha vuelto a funcionar. Parecía que ya nunca más retornaría, pero de sus cenizas ha nacido y ha sido bien acogido.
Avanzo más segura sabiendo dónde quiero llegar, más rápido, ignorando a todo aquel que me intenta frenar. Tan sólo queda un poco, así que empiezo a correr por la calle. Todo se queda a oscuras, no veo nada, tan sólo intuyo una sombra alejada a mi lado pero sigo corriendo tratando de no hacer caso al miedo incipiente. Ya sólo quedan unos pasos y me empieza a costar avanzar, pero en mi mente resuena muy fuerte que el camino está a punto de terminar. Así que...
Correré... Correré hacia ti aunque me envuelva la oscuridad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario