Una piedra en el camino me hizo tropezar y caer; son muchas las que he encontrado, pero esta no apareció, la coloqué yo. Como siempre, traté de levantarme sola, lamentándome por caminar con los ojos cerrados, habiéndome dejado llevar. Pero por más que lo intentaba no lograba alzarme y continuar, perdía de vista la meta a alcanzar.
Y entonces, con un suave impulso, me levantó, cogió mi mano y me guió.
"No puedes ver el lado malo de las cosas, olvida los fantasmas del pasado. Quince veces sellarás a fuego en tu alma: Siempre miraré el lado positivo."
Y entonces desapareció. Como un castigo lo tomé, pues mi tropiezo el fin del camino pudo suponer, pero sin saber el motivo, acepté mi sentencia.
Quince veces me pregunté qué sentido tenía esto.
Quince veces a punto estuve de no hacerlo, de dejarlo y no cumplirlo.
Hasta que me di cuenta de que no era una sentencia lo que quería cumplir, sino que en quince textos, quince horas, quince pensamientos y sentimientos quería transmitir a lo que estoy dispuesta. Un compromiso constante, hasta el fin, una lucha contra todo lo que me retenga.
Quince veces está escrito, a pesar del dolor, de los fantasmas y de las piedras en el camino.
Quince veces está sellado y en cada una de ellas hay mucho más que esas palabras.
Quince veces para poder decirte...
No. Quince no serían suficientes.
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